jueves, 23 de marzo de 2017

Crónica # 5: Cantina Los Amigos (Parte 2)

(Continuación...)

   La Velada del Regreso ya se había encaminado por senderos decididamente  más felices.  Empezamos con lo nuestro, que para eso vinimos: arrancamos con el matambre, que, en rigor de verdad, estaba algo más seco de lo deseable; la guarnición de papas que acompañaba el plato es generosa, crocantes por fuera y suaves por dentro, como debe ser.  Ahora, el plato de pastas, los fussili con salsa scarparo, desatan al primer bocado el entusiasmo desbordado de nuestro esponjoso payaso, que grita a viva voz -“¡5 pastelitos!”.  Y aquí aprovechamos para refrescar a nuestros viejos seguidores y presentar a los nuevos lectores el sistema de calificación que utilizamos en estas crónicas.  Es simple: calificamos distintos ítems o categorías que hacen a la experiencia gastronómica, otorgando entre 0 y 5 “pastelitos” (incluso, a veces –excepcionalmente-, más de 5, a veces menos que 0…), donde 0 pastelitos significa “pésimo” y 5 pastelitos, “excelente”.  Pastelito recupera el menú, y pide un pollo “Brian”, que el mozo luego nos asegura que es un “favorito” del lugar.  Y por favorito nos explica que debemos entender que es “de lo que más salen”.



 Entre copa y copa, bocado y bocado, PP entretiene a la mesa compartiendo anécdotas de algunas de sus últimas aventuras.  Nos cuenta que la semana anterior había ido de pesca, y nos explica que no es precisamente un pescador experimentado ni mucho menos, pero que el lugar (una laguna en Madariaga, o por ahí) era lindo, y el suave movimiento del bote invitaba al descanso y el relax, así que se puso a hacer como que pescaba.  Y terminó pescando lo que aparentemente habría sido una tararira.

Registró el momento en una fotografía que compartimos aquí con ustedes y acto seguido apoyó el pescado sobre la tabla de madera y se dispuso a desenganchar el anzuelo de las fauces de la presa, pero cuando ésta vio la oportunidad (porque parece que se hacía la muerta, pero la tararira seguía pispiando a Pastelito, por el rabillo de uno de sus ojos, esperando el momento apropiado para el contraataque), se arrojó sobre el dedo del novel pescador y ya no lo quiso soltar, y tenían que escucharlo a Pastelito contar todo esto, como un falso Hemingway en Villa Crespo.  La lucha encarnizada entre el hombre y la bestia se resolvió con un movimiento temerario de Monsieur Pastel, que atinó a manotear su cuchillo de carnicero (nunca sale sin él) y en su intento de dar con el corazón del animal, lo apuñaló, infructuosamente, cinco, seis, siete veces, hasta que el enemigo desistió y nuestro paladín se quedó sin aliento. Desangrándose, destrozada, la tararira todavía miraba al adalid del periodismo gastronómico independiente con los ojos inyectados en odio y entonces Pastelito, quizás porque ya no podía seguir enfrentando esa mirada, quizás porque pensó –en un arranque de vano sentimentalismo- que el pobre animal podía llegar a rehacer su vida si era devuelto al agua en tales condiciones, lo arrojó fuera del bote, lo más lejos que pudo, de vuelta a la laguna.
  

Contra todo pronóstico, la tararira, deshecha en jirones a pura cuchillada, apenas tocó el agua se sacudió en un nado alocado que fue también un canto a la vida, una oda a la naturaleza, una denuncia al salvajismo y el sinsentido del ser humano.  Pastelito, bastante maltrecho también, porque el ataque inicial le había provocado una herida de consideración y del dedo chorreaban cantidades considerables de su preciada sangre, se arrancó una manga de su remera, y se vendó el dedo herido, porque ya temía que el olor de la sangre llamara quizás a otras tarariras o, peor aún, despertara a algún tiburón o algún otro monstruo parecido.  Vació de un largo trago lo que quedaba en su botella de Jack Daniels y se cayó desmayado en el bote, para seguir así inconsciente hasta la aurora siguiente, cuando lo despertó el frío húmedo de la primera mañana… y una garza, que le empezó a picotear la frente.

  Teatralmente, cae el telón, se encienden las luces y la sala se llena de aplausos, todos de pie, emocionados, pero se levanta enseguida nuevamente el telón y todos se callan, llega a la mesa el Pollo Brian (¿a veces es loca la vida, no? pero uno se imaginaría al Payaso Pastelito saliendo de juergas con el Pollo Brian…), que desaparece rápidamente de la bandeja, en una imagen que puede remitir a esos documentales que registran el accionar de ciertos depredadores que actúan en grupo y hacen desaparecer a sus víctimas en cuestión de segundos.  Rotundos 4 (cuatro) pastelitos.


A todo esto tenemos una enriquecedora charla con un vendedor de loterías que nos visita y nos revela algunas intimidades del Negocio del Juego. Instructivo y aleccionador.
Pedimos más vino y estudiamos la carta de postres, de donde escogemos: Almendrado con Charlotte. Flan Mixto y Panqueque “Media Hora”.  Imposible recordar ahora a cuento de qué, pero Pastelito, que –sepanló- es un gran jugador de golf, nos compartió cierto malestar que venía arrastrando porque su juego se vio muy afectado por no poder disponer, desde hace ya casi un par de semanas, de su palo #7. 


  Según nos cuenta, en un arranque de furia, en medio de un juego, PP arrojó violentamente por el aire el palo, con la fortuna de no haber matado a nadie, pero con la desgracia de que el palo terminó colgado de un árbol, a una altura que él calcula debe rondar los 12, quizás 15 metros. Intentando resolver el problema, el payaso hizo subir a una niña (de quien preservaremos su identidad) pero eso sirvió sólo para complicar aún más las cosas, porque la pequeña, a los 6, 7, 8 metros, se dio cuenta que estaba muy lejos todavía del objetivo, pero también muy lejos del suelo, y Pastelito no está en condiciones de subir a ningún lado para rescatar a nadie, así que hubieron de intervenir terceras personas para devolver a la niña a su ubicación original, mientras que el palo, en cambio, quedó condenado a permanecer en lo alto, inaccesible.  

Como no sirvió tirar pelotas, palos ni piedras, para recuperar el palo, PP instruyó expresamente a sus representantes legales para que intimaran, mediante cartas documento y otros instrumentos, al club de golf donde tuvo lugar el desagradable suceso, para que le “devuelva el palo a la mayor brevedad”, con la amenaza explicita de iniciar, caso contrario, las acciones necesarias para la restitución de su derecho a la libre disposición de sus propios bienes.  El Rafa y el sr. M estaban a punto de acompañar a P en su justa indignación (“no te puedo creer, che!”) cuando llegó el mozo con el almendrado y el flan.  El panqueque “Media Hora” iba a tardar un poco más, de ahí su ingenioso nombre. Pastelito prueba el almendrado y declara: -“Impecable por donde lo mires”.
   
     Se levanta para hacer una visita al baño y vuelve advirtiendo que el problema no es tanto el tener que bajar por la empinada escalera (de cuya existencia se nos advierte prudentemente en el cartel pegado a la puerta que tenemos a escasos pasos de nuestra mesa), a esa suerte de inframundo privado, sino lo arduo del imposible ascenso que hay que transitar para retornar al nivel del mar.  R y M le dejaron separado un último bocado para que al menos pruebe el flan, que estaba bien, y no pasa mucho para que haga su arribo triunfal el panqueque, que a criterio del protagonista estelar de este espacio merecía ser calificado con “todos los pastelitos que haga falta”.  Mientras Pastelito se encontraba en su visita a los sanitarios, había llegado la cuenta, que ya había sido solicitada anticipadamente, la cual sumaba $ 1330, e incluía un inquietante cartel agregado a mano que los laderos de Pastelito habían interpretado como “+ $ 200” (es decir que pensaban que por alguna razón que escapaba a su conocimiento y comprensión debían afrontar una cuenta de algo más de $ 1500). 

Sabiendo de  los recortes presupuestarios que sufrieron estas Crónicas desde el advenimiento de la nueva administración, el Rafa y M decidieron fotografiar la cuenta y enviársela por whatsapp a Pastelito, pensando que la mediatización de la noticia podría a lo mejor atemperar algo la dureza del golpe.  Así que cuando regresó a la planta baja, dio cuenta de la muestra gratis que se le había reservado del flan, disfrutó con sus amigos del panqueque con dulce de leche y, acto seguido, notó el mensaje que había recibido en su teléfono.  Tras unos instantes de vacilación, Pastelito golpea la mesa con un fuerte puñetazo y exige que pongamos sobre la mesa la cuenta, que habíamos ocultado, y la traduce correctamente, explicándonos que lo que indicaba la anotación manuscrita era que la casa nos estaba redondeando la adición en $ 1200. Efectivamente, se acerca el mozo y nos indica que, habiéndonos reconocido (no podemos entender cómo pudieron hacerlo) y sabiendo que nosotros teníamos por política pagar sin excepción nuestras vistas con el objeto de mantener nuestra independencia periodística, habían querido hacernos una “atención”, cosa que, dadas las presentes circunstancias, esta vez aceptamos y agradecimos.  
     Así fue que pagamos la cuenta, más una propina todo lo generosa que las circunstancias nos lo permitieron, agarramos la botellita de agua mineral con gas que había quedado sin abrir (“no está bien comer 3 postres”, recapacitó Pastelito) y dimos por acabada esta histórica jornada, momento cúspide en la biografía del claun más querido, LA PRIMERA Y ÚNICA VOZ HONESTA DE LA GASTRONOMÍA ARGENTINA, quien, como ya dijimos alguna vez, renace siempre, cual ave Félix, de las cenizas de su propio asado.



¡Hasta la próxima!



viernes, 17 de marzo de 2017

Crónica # 5: Cantina Los Amigos (Parte 1)

¡Estimados!  ¿Por dónde empezar?  Hace ya casi 5 años completos de la publicación de nuestra última crónica gastronómica (exactamente pasaron 4 años y 356 días de la publicación de la tercera y última crónica oficial, que puede releerse todas las veces que haga falta aquí: http://lascronicasdelpayasopastelito.blogspot.com.ar/2012/03/cronica-3-cantina-don-chicho.html), y desde entonces se sucedieron repetidos anuncios del esperado –y siempre fallido, postergado- retorno del Payaso Pastelito.  Así es que hoy, sin muchas ganas de mirar atrás, y exultantes ante esta nueva oportunidad de restablecer el contacto con nuestro selecto público lector, este equipo, liderado por el Payaso Gastronómico Nº1 de Sudamérica, se apronta a retomar el trabajo que mejor hace y más disfruta: ofrecer a sus fieles seguidores su visión tan particular de este maravilloso mundo de restaurantes, bodegones, cantinas, trattorías, parripollos, pizzerías, fondas, carritos, comedores, maxikioskos y afines.  Aquí están, estas son las CRÓNICAS GASTRONÓMICAS DEL PAYASO PASTELITO!


Vamos a dejar para otra oportunidad el relato detallado del proceso de restructuración de la corporación periodística que produce estás crónicas, pero no podemos dejar de aclarar que, hasta donde sabemos, el otrora celebrado Mr. X, ya no está en la cima de la pirámide jerárquica de dicha organización, y si lo está, es en condiciones aún más oscuras y neblinosas que nunca (algunos de ustedes quizás recuerden ciertas extravagantes exigencias suyas tales como la así denominada “Política de Anonimato”, por la cual se imponía a todos los que formábamos parte de este proyecto un silencio stampa sobre su identidad, la nuestra, y una infinidad de detalles absurdos sobre los que no podía decirse una sola palabra).  Lo cierto es que hoy por hoy ni siquiera tenemos idea de quién maneja las riendas de este emprendimiento de Periodismo Gastronómico Independiente.  Antes por lo menos conversábamos -a través de una megapantalla de video, es cierto- con una nuca y parte de una espalda con la que habíamos establecido ya ciertos lazos de familiaridad, y a quien ya reconocíamos por su inconfundible voz metálica, que no era la de Mr X, claro, sino que era producto de una máquina que utilizaba justamente para que nadie pudiera reconocer su voz real. 

Pero todo esto es parte del pasado, un pasado glorioso, sí, pero que ya nunca habrá de volver.  Siendo entonces que no sabemos de fuentes fidedignas si efectivamente Mr X vive aún o no, ni quien dirige los destinos de este transatlántico informativo-degustativo, sí podemos, en cambio, establecer determinados hechos con certeza.  En primer lugar, PP (el Payaso Pastelito, claro) fue contactado por teléfono (número privado) y una voz femenina le transmitió la invitación a retomar la realización de las CRÓNICAS GASTRONÓMICAS DEL PAYASO PASTELITO (en lo sucesivo CGDPP).  Asimismo, le encomendó el rearmado de su equipo de trabajo y se comprometió a depositar en la cuenta bancaria de PP un monto en pesos ($) que se suponía destinado a cubrir todos los costos de producción de estas Crónicas, pero que nuestro héroe calificó en ese mismo acto como “una miseria, una burla”.  Sin embargo, ante la evidencia de la ausencia de una oferta superadora, y frente a la posibilidad cierta de quedarse “sin el pan y sin la torta” (valga la metáfora reposteril), Pastelito se vio obligado a aceptar sin más la oferta vil que acababa de recibir.

Así las cosas, PP se contactó con sus viejos socios (el Sr.M, el Rafa), convocó a nuevos valores (AA) y juntos establecieron un plan de acción inmediato.  La primera crónica de esta nueva época se programó para el tercer miércoles de marzo de 2017, año del gallo, y el lugar escogido para la Cena del Regreso resultó la cantina “Los Amigos” (nótese la fuerte carga simbólica del nombre) sita en Loyola (más simbolismos) al 700, en el barrio porteño de Villa Crespo.  Llegó el día y hora señalados y Pastelito se subió al Pastel-Móvil, que aparentemente había hecho poner a su nombre antes de que este proyecto entrase en el profundo sueño quinquenal del que recién ahora está despertando, y empezó a levantar copilotos por distintos puntos de la ciudad.  Primero subió al Sr. M y a las pocas cuadras se sumó también el Rafa.  AA, especialista en medios audiovisuales y nuevas tecnologías, debió cancelar a último momento su participación en lo que hubiese sido su primera Crónica Gastronómica, para atender ciertos oscuros asuntos “urgentes” en la Ciudad Feliz de donde sería oriundo.  En formato de triunvirato de tres, entonces, partimos, raudos y presurosos, y encontramos el lugar sin mayores dificultades, lo cual constituye toda una novedad para este experimentado equipo de informadores-comensales-aventureros.


Sorpresivamente, al querer estacionar en un espacio amplio que parecía reservado para un colectivo, Pastelito hace una maniobra excesivamente temeraria y terminamos dándonos un fuerte golpe contra el cordón de la vereda que afortunadamente solo produjo hematomas menores en uno de estos periodistas (no diremos quien), que ya se estaba queriendo bajar del auto y ante la sacudida terminó castigando su testa contra uno de las puertas del vehículo. ¡Ay, Pastelito!


Nos acercamos a la entrada y enseguida nos anoticiamos que en cuanto a la ambientación, el lugar es otra variación más de un formato que suele repetirse en nuestros raids gastronómicos, sin que esto constituya un punto en contra, ni mucho menos: camisetas de equipos de fútbol, banderas, banderines, banderolas, miles de cuadros retratando a las estrellas del deporte y el espectáculo de hace 30, 40, 50 años… Debatimos un instante sobre dónde acomodarnos ¿Adentro, afuera?  Habían sólo 3 mesas ocupadas en todo el local, del resto casi todas las mesas estaban “marcadas” con botellas que según nos hizo saber el mozo que nos recibió, indicaban que estaban “reservadas”.  Como somos cronistas experimentados, estos trucos del marketing gastronómico los conocemos largamente, pero decidimos seguirles el juego a nuestros anfitriones, que no siempre reconocen de inmediato a una troupe de connaisseurs cuando la ven, y aceptamos que nos ubicaran en donde más les agradara, rodeados de mesas vacías “reservadas”.  Nos sentamos, pedimos un vino, agua sin gas, agua con gas, y empezamos a recorrer la carta en tradicional plan degustación.  A esta altura, un poco por la recepción inicial, que resultó algo accidentada, otro poco por los temores que naturalmente puede experimentar todo gran artista tras un lustro lejos de los escenarios, lo cierto es que se respiraba cierta tensión en el aire. Pastelito, en su rol de Maestro de Ceremonias, sugiere una serie de platos, y el Rafa expresa, vehemente, su desacuerdo con uno de ellos, argumentando que “eso pedítelo vos” y que “porqué cada uno no se pide su plato y listo!”. El Sr M, mientras tanto, apura su copa de tinto resignado, previendo que quizás esto ya no fuera a durar y finalmente la espera tuviese que extenderse otros 5 o 10 años más, hasta el día en que -si Fortuna así lo decidiese- se nos brindara una nueva oportunidad de hacer resucitar este muerto. 

Pero se acercó el mozo, nos abrió la ventana, pesada, añosa, y se coló una suave corriente de aire refrescante, pre-otoñal, que pareció llevarse las tensiones y los malos augurios: levantamos las copas y brindamos ruidosamente por la vuelta del más grande.  Pedimos un matambre al chimichurri con papas y una porción de fuccile a la scarparo. Las cosas se estaban encaminando. La magia ya está de vuelta, los banderines que cuelgan del techo bailan alegres, las luces brillan como ojos de borracho, el mozo ya trae los primeros platos y los deja en la mesa, gira, suelta un “buen provecho” y se va. Pastelito lo ataja: -“¡Mozo, otro vino!”

(continuará)

viernes, 23 de marzo de 2012

Crónica #3: Cantina Don Chicho

¡Sí, amigos! Pasaron exactamente dos semanas y llegó la hora –puntual, impostergable- de una nueva Crónica Gastronómica. La tercera de una serie que ya se perfila como eterna, sin fin. Esta vez, los protagonistas de este espacio nos congregamos en las nuevas oficinas centrales de LCGDPP, ubicadas en la cúpula de un centenario edificio de 5 plantas en el microcentro porteño. La verdad es que, con las obras aún sin terminar y un equipo de jóvenes asistentas todavía en pleno proceso de acostumbramiento a los patines de cuatro ruedas con los que tienen que trasladarse de un lado a otro de la oficina (a favor de las chicas debe decirse que la imponente escalera caracol de madera maciza que comunica las dos plantas en las que se divide la cúpula supone un obstáculo importante para la libre circulación de la información y de las informadoras), las nuevas instalaciones son, por el momento, la imagen misma de la confusión y el caos. Pero con dificultades y todo, nuestro nuevo equipo de jóvenes pasantes, bellas y exitosas, hicieron una gran diferencia para que no caigamos en la vergüenza de la Crónica anterior, con archivos fotográficos que se perdieron, notas de campo traspapeladas y otros percances. Es así, entonces, que nos reunimos puntualmente a las 8.30 de la noche del miércoles, en las nuevas oficinas, para esperar las órdenes de Mr. X, que ya no habrá de hacernoslas llegar a través de un mensajero motorizado, como hasta ahora, sino a través de un mensaje en directo emitido desde la mansión de nuestro benefactor y que recibiremos por medio de una pantalla gigante ubicada en la planta alta. Pasaron unos pocos minutos hasta que aparece en la pantalla la espalda del sillón donde se supone se recuesta Mr. X, en lo que parece ser la lujosa biblioteca de su residencia privada. Sin preámbulos, una voz digitalmente deformada nos instruye: -Muchachos, el destino de hoy es la cantina Don Chicho. La dirección, Plaza 1411, esquina Zárraga, Villa Urquiza. Les deseo mucha suerte. La lacónica comunicación se cortó y las chicas se amontonan a nuestro alrededor para entregarnos un mapa, acomodarnos el cuello de la camisa, sacudirnos alguna pelusita y acompañarnos al ascensor (descensor) que nos llevará al subsuelo, donde montaremos el “pastel-móvil” para dirigirnos a cumplir con nuestra obligación. Con mapa o sin mapa, otra vez tardamos mucho y damos una barbaridad de vueltas de más para llegar a lo de Don Chicho (pasamos al menos 4 veces a menos de una cuadra del lugar). Si bien es un hecho que la zona está infestada de diagonales y cruces con 5 o más esquinas (hecho que debemos advertir sin falta al lector desprevenido), el llegar fácilmente a nuestro objetivo parece una misión imposible, como si pendiera una maldición sobre nuestras cabezas, que se diluye apenas arribamos al lugar. La primera impresión es inmejorable. Y si bien el interior de la cantina se muestra como una verdadera muestra de genuina porteñidad, repleto de banderines y fotos y posters que redondeaban un festival de pura parafernalia funebrera (es decir vinculada al Club Atlético Chacarita Juniors), elegimos sentarnos en una de las mesas dispuestas sobre la vereda, muy cerca de la puerta del local y justo frente a una de las ventanas sobre la que se encuentra apostada una mesa donde se amasan en vivo los fussili que dan merecida fama al lugar. Estábamos acomodándonos en la mesa cuando nos sacude la aparición de un pequeño patovica que se elevaba como mucho un metro del nivel del suelo, disparando con su Itaka de juguete sobre una aterrada señora que sale rápidamente del lugar mirando hacia atrás, temiendo que al nene se le escape algún tiro de verdad. La señora cruza la calle y el chico se queda parado en la vereda, apuntándola, asegurándose que no se le ocurra volver sobre sus pasos. Mientras tanto, se acerca a nuestra mesa el mozo, nos da la bienvenida y nos deja la carta. “Pará, pará, no te vayas. Antes que nada, traeme un vino. A ver… un Trapiche Malbec… Después vamos viendo que pedimos…” Pastelito se adueña de la carta y arrancamos con unos calamares ($ 15 la ½ porción) y un plato de morrones fritos ($ 14) que podrían haber estado mejor. Acto seguido pedimos unos “fucciles”, ($ 28 el fierrito, para compartir) con salsa scarparo y otro vino, claro. El mozo (muy joven, flaquito, pilas, simpático, buena actitud) duda un segundo y pregunta:. - ¿No van a pedir albóndigas? - No, no ibamos a pedir almóndigas (sic!). ¿Por qué? - Porque todo el mundo muere por nuestras albóndigas. Les traigo media porción, que son 2 bolas grandes. No se van a arrepentir. - Bueno, si la casa lo recomienda tan entusiastamente… - Van a ver. Se podrán quejar de la atención, pero nunca de las albóndigas. “¿Ves? ¡A Pastelito lo reciben con los vasos abiertos!”, le dice P a M. Pastelito le dice a un muchacho que está sentado en una mesa vecina, frente a una chica: “Disculpá, te robo la silla”, pero se lo dice así, sin signo de interrogación, o con un signo de interrogación tan imperceptible que las chicas en nuestras oficinas centrales, cuando transcriben estas notas, terminan omitiéndolo. Y de hecho es como si hubiera dicho “Disculpá, te robé la silla” porque antes de terminar de pronunciar la frase ya le sacaba la silla y la acomodaba a su lado (ver fig. 2).
Para más, y ante la estupefacción del joven, en un primer momento, después de acomodar a su lado la silla recién robada, no le da ningún uso específico, quedando todo en un robo por el robo mismo, una simple y clara provocación, lo que hace que el sr. M no pueda evitar dejar escapar una pequeña risotada seguida de un amistoso gesto de censura a su amigo y colega. Pasados unos minutos nuestro payaso preferido terminó usando la silla para apoyar su sombrero, pero el mal ya estaba hecho.
Lo que pasa es que Pastelito venía cruzando unas miradas con la chica que estaba con el joven víctima del hurto… Y M, que ya conoce largamente a Pastelito, sabe cómo terminan a veces estas cosas. Porque Pastelito es un romántico incurable. Pero tiene un estilo de seducción muy particular, no le importa gran cosa si la afortunada de ocasión está sola o acompañada. Y entonces, en ciertas oportunidades, todo termina en una gran trifulca (con piñas, patadas voladoras y todo eso), y a veces en una cobarde huida, según sean las circunstancias. El flirteo se suspende por unos instantes porque P necesita hacer una visita al baño. Por alguna razón el baño es un ítem insoslayable en nuestras críticas. De vuelta, P sentencia: “El baño tiene los servicios básicos”.
El pequeñín de la Itaca se para al lado de nuestra mesa, colgándose el arma al hombro, como queriéndonos asegurar que pase lo que pase él se iba a ocupar de nuestra seguridad.

Pastelito le pregunta: - ¿Sos hincha de Chaca?

- Sí, somos todos de Chaca- responde el nene, como si hiciese falta la aclaración.- ¿Y vas a la cancha?

- Si, vamos siempre, con mi papá y mi hermano.
- ¿Y tu mamá no va con ustedes?
- No. Mi mamá no quiere ir más.
- ¿Por qué?
- ¡Porque se pudrió todo!- contesta, provocándonos una carcajada automática que tratamos de reprimir rápidamente, que el purrete no crea que lo estamos festejando, no señor, que no es esa nuestra intención. Téngase en cuenta que la semana anterior, la hinchada de Chaca había protagonizado unos desmanes de proporciones (con agresiones a dirigentes del club visitante y el incendio de dos patrulleros y un ómnibus de infantería incluidos, cuando recibieron en su propia cancha, en San Martín, a Atlanta, su clásico rival, en un encuentro que se suponía iba a jugarse sin público de ninguna de las dos parcialidades. En fin, el folklore del fútbol...) La siguiente pregunta, ya en plan de reportaje de investigación con orientación sociológica, se impuso obligadamente.
- ¿Vos fuiste al partido con Atlanta?
- ¡Si! ¡Corrieron todos!
- ¿Los de Chaca? – aguijoneamos maliciosamente.
- ¡No! ¡Los de Atarata (sic)! Simplemente no lo podíamos creer. Y eso que somos dos periodistas experimentados, con mucha calle y todo eso. Pero no terminó ahí. Le hacemos una pregunta más, para poner todo más en contexto.
- ¿Y vos, cuántos años tenés?
No contesta inmediatamente. Piensa, baja la Itaka, y levanta su mano derecha mostrando 4 deditos, la seña universal de los niños que quieren decir “4 años”.
La pareja de al lado, testigos del diálogo, nos mira azorados, como pidiendo explicaciones. Que no les damos, porque tampoco las tenemos. Pero iniciamos un diálogo amistoso con nuestros vecinos, como si no hubiese existido nunca el incidente de la silla. A todo esto el pibito se mete adentro empujando la puerta de una patada, como si fuera un marine entrando a la casa de Osama Bin Laden. Cada vez que entra o sale usa la misma técnica, y entra y sale todo el tiempo, lo que nos sobresalta un poco al principio pero después nos acostumbramos. Como con los tiros.
Llega el plato de fussili/fuchile/fucciles, que disfrutamos bastante. El Sr. M nota que Pastelito acompaña el plato de pastas con abundante pan, cosa que él mismo también hace. Pero ve que P descarta la miga, así que le pregunta:
- ¿No te parece que es medio de maricón no comer la miga?
Pastelito para de masticar, levanta la vista y responde:
- No. Es de machos comer la corteza.
Es el turno de M de visitar las instalaciones sanitarias. A la vuelta, P le pregunta que le parece y M se explaya sobre un detalle que le llamó especialmente la atención.
-Bien. Es un baño. A simple vista nada fuera de lo común. Pero vale la pena dejarles a nuestros lectores una impresión, a modo de nota de color. A un costado del lavabo, en el espacio reservado en algunos lavabos para apoyar un jabón, tuvieron la feliz ocurrencia de colocar un pequeño baldecito de más o menos un litro de capacidad… una hielera de plástico, de esas que imitan a las metálicas con las dos asas y todo eso… y en el fondo un poco de jabón líquido, digamos 1 o 2 centímetros, 50 mililitros como mucho. Estamos de acuerdo con que poner tres cuartos litros de jabón hubiese sido también un desatino, pero de esta manera, el que quisiese lavarse las manos con jabón tenía que hundir las puntas de los dedos en el balde y desde las puntas de los dedos extender el líquido limpiador por el resto de sus manos. Una gracia genial de Don Chicho. Para mí, el baño se lleva por lo menos dos pastelitos extras por la sutileza.
-Jajaja ¡Pastelito está feliz!
A esta altura, la pareja de la mesa de al lado ya era parte integral de nuestra conversación. Así que nuestro genio y figura en un momento les pregunta: “¿Nos sentamos con ustedes? ¿Les molesta?
-No, dale.
El chico no parecía muy convencido, pero a la chica se la notaba extrañamente entusiasmada con la charla inteligente y los comentarios perspicaces de estos cronistas. Cuando se acerca el mozo nota que ya habíamos juntado las mesas y se ríe cómplice y aprobador. Por mera formalidad le preguntamos si no es molestia que nos hayamos pasado de mesa.
-No, me parece perfecto –dice con un gran sonrisa en la cara, y aclara- si fuese por nosotros, lo que queremos es lograr una sola mesa de cien.
-¿Tenés champagne Monitor? – Pero el mozo es demasiado joven para saber de qué se trata. No escuchó hablar de Charles Aznavour tampoco, claro. Mientras charlamos nos debatimos entre pedir otro plato o pasar al postre. Vemos pasar un flan con forma de locomotora, una especie de flan-budín, enorme, que nos tienta. El mozo va y viene y nos pregunta ¿Entonces? ¿Dulce o salado?
Y estuvimos un rato más charlando con F (el chico) y A (la chica), que al final de todo no eran pareja, decían que eran sólo amigos, él se está por casar (no, nos quiere invitar a la fiesta), ella está feliz que F se case contra (sic) Juliana (¿puse Juliana y no J?), porque “es la mejor mujer con la que F se podría casar”. Volviendo a nuestra labor profesional coincidimos en que el ambiente de la cantina es “tranquilo, familiar. Salvo por los tiros”. Pastelito le cuenta a A (la chica) algunos secretos e infidencias de estas Crónicas. “¿Sabés qué pasa? Es que Pastelito vende ilusiones” “La premisa es buena onda y alcohol”. Después la conversación pasa a un plano más personal. Pastelito cuenta algo de su hija. “¿De qué signo es?”, pregunta A. “Mi hija es de Génesis” dice Pastelito como si supiese de qué está hablando. Ella (fotógrafa, forma parte del colectivo Bien Al Sur) le habla sobre comunidades saludables, adolescencia, Toto La Momposina, Lila Downs. Qué le habla, exactamente, no lo recordamos… pero tomamos algunas notas sueltas y cumplimos transcribiéndolas, para que no parezca que nos juntamos cada 15 días sólo para comer y tomar vino. Les pedimos que, a modo de avant-première de una sección que pensamos presentar próximamente, tengan a bien recomendarnos 2 (dos) lugares para comer, sean cuales fueran los motivos para la elección. Tardan casi diez minutos en decidirse a recomendarnos un solo lugar, pero una vez que empiezan ya no pueden detenerse: Club Eros, El Desnivel, Chef Yusef (del que A aseguraba que era armenio, dato erróneo, que seguramente había leido en alguna guía de restaurantes berreta, y que ofende la sensibilidad del sr. M, pero qué culpa tiene ella), Enfundá la Mandolina, Marcelina y García… Pero hoy estamos en Don Chicho, pasándola de maravillas, pero sabiendo que ha llegado la hora de decir adiós. Pedimos la cuenta, que ronda los $ 160 y nos despedimos, felices y satisfechos, esperando encontrarnos nuevamente con una nueva aventura gastronómica, dentro de 15 días, por este mismo canal.

jueves, 8 de marzo de 2012

Crónica # 2: La Casa de Adann

Superados los incidentes que son de público conocimiento, en los que se vio involucrado el Payaso Pastelito la semana pasada, llegó finalmente la hora de una nueva –la segunda- Crónica Gastronómica. Siguiendo la rutina habitual, establecida oportunamente por Mr. X, nos reunimos en la residencia de Pastelito a eso de las 9 de la noche. Esta vez la novedad es, por expresa indicación de Mr. X, la incorporación de un nuevo comensal a la troupe, a quien llamaremos “el Rafa”, quien entre otras cosas habrá de encargarse del registro en material fílmico del proceso de elaboración de estas notas. De manera que Pastelito (que esta noche corona su testa con una boina que reemplaza a su famoso sombrero hongo, el cual se encuentra momentáneamente en reparación como resultado de los trágicos eventos de la semana pasada), el Sr. M y el Rafa, ya reunidos, y mientras esperan la llegada de la motito que trae las directivas de X para esta noche, descorchan la primera botella de tinto de la jornada y brindan por la liberación de nuestro héroe y el rotundo suceso de estas Crónicas. El mensajero no tarda en llegar y le entrega en mano el sobre lacrado al payaso, quien rápidamente despide al motoquero con un amistoso apretón de manos, gesto que aprovecha para dejarle discretamente una propina. Enseguida acerca el sobre a su nariz, lo olfatea (?) y procede a abrirlo con un abrecartas de plata que saca del bolsillo de su bata. Se aclara la garganta, se coloca un monóculo sobre el ojo derecho (su ojo bueno) y anuncia el destino señalado para esta noche: - “Restaurante La Casa de Adann. Dirección: O’Higgins 1731, Belgrano. Tienen mesa reservada. Valet parking incluido.” Cual si fueran Batman, Robin y Batichica, nuestros cronistas salen presurosos a la calle para enseguida aplacar su entusiasmo inicial ante la confusión de Pastelito, que no sabía a ciencia cierta donde demonios había estacionado su auto. Pero el auto aparece, más tarde que temprano, y en un alarde tecnológico el payaso saca de la guantera un GPS que parece no saber manejar. Le pasa el GPS a Rafa. - Rafa, poné: "O’Higgins 1731". - ¿Adónde querés que lo ponga? - ¿Qué, no lo sabes usar? - ¿Y vos sabés? El Sr. M trata infructuosamente de hacerles entender que sabe cómo llegar pero Pastelito –que, dicho sea de paso, está hecho un demonio al volante- está empecinado en hacer valer el sueldo de la galleguita del GPS. Le pese a quien le pese. Mágicamente, sin embargo, dimos con la calle O’Higgins y eventualmente arribamos a La Casa de Adann, donde nos esperaba un valet parking, cosa que Pastelito ya había olvidado por completo, por lo que termina estacionando a una cuadra, en el primer hueco que encuentra. Bajamos del auto y hacemos nuestra entrada triunfal, notando que los mozos se van dando vuelta al notar nuestra presencia y nos dan uno a uno la bienvenida con un cálido y respetuoso saludo, en una majestuosa mise-en-scène que refuerza grandemente nuestra autoestima. La maître nos acompaña a la mesa reservada a nuestro nombre, ubicada bien al fondo del salón, en un rincón VIP rodeado de una frondosa vegetación selvática, escenario ideal para una tertulia salvaje. La verdad es que el vino tardó un poco, lo que impacientó un poco a Pastelito, que como no podía ser de otra manera, se lo tomó como una afrenta personal (tomen nota, Señores Restauranteurs) Pero como todo en la vida, el vino llega, junto a una botella de agua mineral sin gas y una bandeja con una variedad de productos de panadería que nos distraen por unos instantes. -Estamos voraces- grita pastelito, hablando por los tres. Para colmo de males, la mortadela italiana con pistacho ($ 40) que llega prometiendo aplacar la ira del payaso, no termina de cumplir su cometido. Pero la cocina, dirigida por el reconocido chef Fernando Protto (que tuvo la delicadeza y el buen gusto de acercarse a nuestra mesa e interesarse por nuestras impresiones), se redime rápida y magistralmente con tres platos que terminarán siendo puestos a rotar varias veces en plan degustación. Exquisitos los Spaghetti Nero Di Sepia con chipirones, ajo, oliva, apio y tomates frescos ($ 65). 4 "pastelitos" en decisión unánime. Excelentes también las trucha con crema de paltas y rostii de papa y zanahoria y el carre de cerdo a la cerveza, los cuales disfrutamos ampliamente. Llega otra botella de vino más y en la confusión (a esta altura ya todo es confusión) Pastelito deja caer un par de frases-slogan con su inigualable sello personal. “Pastelito te emborracha, Pastelito te entretiene”, o como conclusión sobre una discusión sobre el formato, estilo y alcances de estas Crónicas: “Pastelito no recomienda, Pastelito se divierte”. Ovación general. Queda tiempo para un postre. Se baraja la opción de un tiramisú como homenaje al primer tiramisú que nos hicieron probar “de prepo” en la crónica anterior, pero terminamos desechando la idea en favor de un soberbio volcán de chocolate ($ 35) que terminamos compartiendo entre los tres (sic, leyó bien). La cuenta sumó casi medio millar de monedas de un peso, que Pastelito canceló con billetes, porque todas esas monedas puestas en la mesa hubieran resultado en un escándalo de proporciones. Y así es que dimos por finalizada la velada y nos retiramos envueltos en saludos cordiales y promesas de reencuentro. Respecto de nuestro propio desempeño como periodistas, nos queda la sensación de que nuestra actuación de esta semana puede estar dejando más dudas que certezas en las mentes de nuestros seguidores. Pero nos reconforta el saber que estas crónicas, tal como sucede con el fútbol, ofrecen revancha semana tras semana. Es por eso que nos despedimos algo más tranquilos (aunque con un persistente dolor de cabeza) hasta la próxima semana, enviandoles un gran abrazo circense y prometiendo reencontrarnos para devolverles, otra vez más, toda la confianza que depositan en nosotros. ¡Los esperamos!

martes, 28 de febrero de 2012

Comunicado Nº 3: ¡Liberaron a Pastelito! ¡Vuelven las Crónicas!

Publicado originalmente en la página oficial de Facebook del Payaso Pastelito el 28/02/12

Tenemos la inconmensurable alegría de anunciar que a últimas horas del día de ayer lunes 27 de febrero de 2012 fue liberado Pastelito, el payaso gourmet, en lo que sin dudas es una victoria rotunda de todos los defensores de la libertad de prensa de nuestro país y de todo el mundo. Recordemos que el Payaso Pastelito permaneció tras las rejas más de una semana en una comisaría de Mar del Plata, por motivos que aún no han sido debidamente aclarados.

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En nombre del Payaso Pastelito y del de todos los que somos parte de estas Crónicas Gastronómicas, agradecemos todos los mensajes de apoyo y pedidos de liberación que recibimos, de gran importancia para que las autoridades competentes hayan tomado la impostergable decisión de liberar a un verdadero adalid del periodismo gastronómico. De todas maneras, debemos decir que el verdadero factótum de la liberación del payaso no fue otro que Mr. X, productor ejecutivo y mecenas de las CGDPP, por medio de gestiones con los más altos cuadros del gobierno y la justicia provincial y nacional.

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Consultado sobre lo que se viene, Mr. X se limitó a decir que "acá no pasó nada. Esta semana volvemos a la rutina habitual de visitar restaurantes y publicar las crónicas". ¿Y Pastelito? "Con Pastelito vamos a tener que hablar, pero eso es algo que va quedar puertas adentro, los trapos sucios se lavan en casa". Terminante y lapidario, Mr. X nos regala una última sonrisa al mejor estilo Ramón Diaz y se mete en su limusina, estacionada en la puerta de la comisaría, que acelera rápidamente y se aleja del lugar sin prestar mucha atención a la imprudente presencia de periodistas y curiosos que se habían amontonado en la calle esperando novedades del caso.

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Una vez más, agradecemos el apoyo incondicional a todos los amigos, fans y seguidores del Payaso Pastelito y sus Crónicas Gastronómicas y aprovechamos para invitar a quienes aún no lo hayan hecho a visitar nuestro blog y leer la crónica Nº1, y a quienes ya lo hayan hecho -porqué no- a releerla, mientras esperamos, todos, la próxima Crónica Gastronómica del Payaso Pastelito. ¡Hasta entonces!

viernes, 24 de febrero de 2012

Comunicado Nº 2: Declaraciones del Payaso Pastelito, preso en "La Feliz"

Publicado originalmente en la página oficial de Facebook del Payaso Pastelito el 24/02/12
Ultimo momento: le levantan la incomunicación a Pastelito.
"¡Les juro que yo no hice nada! Hace cuatro días que me tienen encerrado y no sé porqué. Esto debe ser inconstitucional. O algo así. Llamen a Cristina. ¡Hagan algo! ¡Saquenmé de acá!" grita Pastelito desde el otro lado de la línea, en lo que es su primer contacto con el mundo exterior desde el sábado. "¿Y las chicas? ¿Qué hicieron con las chicas? ¿Y el auto? ¿Cuándo me van a soltar? ¡Mr.X tiene que hacer algo ya!" Le explicamos que a las chicas las liberaron enseguida, por falta de méritos, que si él sigue adentro es por acumulación excesiva de méritos -siempre según las autoridades policiales de la provincia-, que el auto quedó momentáneamente incautado por estar repleto de sustancias ilegales varias y que, como no podía ser de otra manera, Mr.X estaba estableciendo contacto con las más altas esferas del gobierno provincial y nacional para "solucionar esta desagradable situación".
Para finalizar este comunicado (y esperando que estas "Crónicas Gastronómicas del Payaso Pastelito" no terminen convirtiéndose en "Crónicas y Comunicados del Payaso Pastelito") nos comprometemos a seguir manteniendo informados a la gran cantidad de amigos, fans y entusiastas seguidores de Pastelito sobre los pormenores de este escabroso caso.
Pedimos la intercesión de San Borombón, Patrono Protector de los Payasos de la Costa Atlántica, para la pronta liberación de nuestro héroe. Amén.

Comunicado Nº 1: Perdón, Perdón, Perdón!

Publicado originalmente en la página oficial de Facebook del Payaso Pastelito el 23/02/12

Amigos, fans, seguidores de las Crónicas Gastronómicas del Payasto Pastelito... quien hoy escribe estas líneas no es el P. P. himself, sino un reducido colectivo (una combi?) formado por lo más íntimo de su círculo más ínitmo. Y estamos acá para decir lo que hubiésemos preferido no decir nunca, y menos hoy, cuando en lugar de estar haciendo este pedido público de disculpas deberíamos estar festejando la publicación de la segunda entrega de las Crónicas Gastronómicas.

La historia, todavía confusa, reconstruida a base de rumores, declaraciones contradictorias de testigos y de la policía de la Provincia de Buenos Aires, entre otras fuentes (Pastelito está hasta ahora incomunicado, sepasé), es más o menos la siguiente: el jueves último por la tarde (16/02/12) Pastelito y el Sr. M reciben el pago correspondiente a la primera Crónica (publicada el día anterior) en sendos sobres (de esos espumados, acolchaditos, que sirven para mayor protección). Y aquí comienzan nuestros problemas. Porque desoyendo los consejos de M, Pastelito se guardó el sobre en el bolsillo de atrás del pantalón, hizo algunos llamados y ese mismo jueves a la noche salió en su bólido a Mar del Plata, acompañado por dos exhuberantes señoritas, todos en los asientos de adelante, y con los asientos de atrás y el baúl lleno con provisiones como para 2 meses. Parece ser que pasó el viernes 17 en libertad (libertinaje) pero el sábado 18 a media mañana se lo llevan preso a la comisaría 3ra de Mar del Plata, tras una larga serie de denuncias que iba sembrando por la ciudad, con sus desmanes y sus excesos. No sabemos más. Nuestro abogado (el mejor que el dinero puede pagar, nos asegura mister X) nos hizo saber que hoy, en pocas horas, le levantarían la incomunicación y tendremos la posibilidad de escuchar la otra campana de esta historia.

Obviamente, la cena del martes 21 fue suspendida y por lo tanto no hay crónica para esta semana. Los que queremos a Pastelito de verdad esperamos que todo se aclare a la mayor brevedad y que nuestro payaso favorito sea puesto rápidamente en libertad. Y a ustedes, les prometemos que apenas tengamos alguna palabra de Pastelito se las haremos llegar. Y antes que llegue ninguna explicación, porque lo queremos y porque lo conocemos, les pedimos en su nombre a todos ustedes PERDON, PERDON, PERDON!