viernes, 23 de marzo de 2012

Crónica #3: Cantina Don Chicho

¡Sí, amigos! Pasaron exactamente dos semanas y llegó la hora –puntual, impostergable- de una nueva Crónica Gastronómica. La tercera de una serie que ya se perfila como eterna, sin fin. Esta vez, los protagonistas de este espacio nos congregamos en las nuevas oficinas centrales de LCGDPP, ubicadas en la cúpula de un centenario edificio de 5 plantas en el microcentro porteño. La verdad es que, con las obras aún sin terminar y un equipo de jóvenes asistentas todavía en pleno proceso de acostumbramiento a los patines de cuatro ruedas con los que tienen que trasladarse de un lado a otro de la oficina (a favor de las chicas debe decirse que la imponente escalera caracol de madera maciza que comunica las dos plantas en las que se divide la cúpula supone un obstáculo importante para la libre circulación de la información y de las informadoras), las nuevas instalaciones son, por el momento, la imagen misma de la confusión y el caos. Pero con dificultades y todo, nuestro nuevo equipo de jóvenes pasantes, bellas y exitosas, hicieron una gran diferencia para que no caigamos en la vergüenza de la Crónica anterior, con archivos fotográficos que se perdieron, notas de campo traspapeladas y otros percances. Es así, entonces, que nos reunimos puntualmente a las 8.30 de la noche del miércoles, en las nuevas oficinas, para esperar las órdenes de Mr. X, que ya no habrá de hacernoslas llegar a través de un mensajero motorizado, como hasta ahora, sino a través de un mensaje en directo emitido desde la mansión de nuestro benefactor y que recibiremos por medio de una pantalla gigante ubicada en la planta alta. Pasaron unos pocos minutos hasta que aparece en la pantalla la espalda del sillón donde se supone se recuesta Mr. X, en lo que parece ser la lujosa biblioteca de su residencia privada. Sin preámbulos, una voz digitalmente deformada nos instruye: -Muchachos, el destino de hoy es la cantina Don Chicho. La dirección, Plaza 1411, esquina Zárraga, Villa Urquiza. Les deseo mucha suerte. La lacónica comunicación se cortó y las chicas se amontonan a nuestro alrededor para entregarnos un mapa, acomodarnos el cuello de la camisa, sacudirnos alguna pelusita y acompañarnos al ascensor (descensor) que nos llevará al subsuelo, donde montaremos el “pastel-móvil” para dirigirnos a cumplir con nuestra obligación. Con mapa o sin mapa, otra vez tardamos mucho y damos una barbaridad de vueltas de más para llegar a lo de Don Chicho (pasamos al menos 4 veces a menos de una cuadra del lugar). Si bien es un hecho que la zona está infestada de diagonales y cruces con 5 o más esquinas (hecho que debemos advertir sin falta al lector desprevenido), el llegar fácilmente a nuestro objetivo parece una misión imposible, como si pendiera una maldición sobre nuestras cabezas, que se diluye apenas arribamos al lugar. La primera impresión es inmejorable. Y si bien el interior de la cantina se muestra como una verdadera muestra de genuina porteñidad, repleto de banderines y fotos y posters que redondeaban un festival de pura parafernalia funebrera (es decir vinculada al Club Atlético Chacarita Juniors), elegimos sentarnos en una de las mesas dispuestas sobre la vereda, muy cerca de la puerta del local y justo frente a una de las ventanas sobre la que se encuentra apostada una mesa donde se amasan en vivo los fussili que dan merecida fama al lugar. Estábamos acomodándonos en la mesa cuando nos sacude la aparición de un pequeño patovica que se elevaba como mucho un metro del nivel del suelo, disparando con su Itaka de juguete sobre una aterrada señora que sale rápidamente del lugar mirando hacia atrás, temiendo que al nene se le escape algún tiro de verdad. La señora cruza la calle y el chico se queda parado en la vereda, apuntándola, asegurándose que no se le ocurra volver sobre sus pasos. Mientras tanto, se acerca a nuestra mesa el mozo, nos da la bienvenida y nos deja la carta. “Pará, pará, no te vayas. Antes que nada, traeme un vino. A ver… un Trapiche Malbec… Después vamos viendo que pedimos…” Pastelito se adueña de la carta y arrancamos con unos calamares ($ 15 la ½ porción) y un plato de morrones fritos ($ 14) que podrían haber estado mejor. Acto seguido pedimos unos “fucciles”, ($ 28 el fierrito, para compartir) con salsa scarparo y otro vino, claro. El mozo (muy joven, flaquito, pilas, simpático, buena actitud) duda un segundo y pregunta:. - ¿No van a pedir albóndigas? - No, no ibamos a pedir almóndigas (sic!). ¿Por qué? - Porque todo el mundo muere por nuestras albóndigas. Les traigo media porción, que son 2 bolas grandes. No se van a arrepentir. - Bueno, si la casa lo recomienda tan entusiastamente… - Van a ver. Se podrán quejar de la atención, pero nunca de las albóndigas. “¿Ves? ¡A Pastelito lo reciben con los vasos abiertos!”, le dice P a M. Pastelito le dice a un muchacho que está sentado en una mesa vecina, frente a una chica: “Disculpá, te robo la silla”, pero se lo dice así, sin signo de interrogación, o con un signo de interrogación tan imperceptible que las chicas en nuestras oficinas centrales, cuando transcriben estas notas, terminan omitiéndolo. Y de hecho es como si hubiera dicho “Disculpá, te robé la silla” porque antes de terminar de pronunciar la frase ya le sacaba la silla y la acomodaba a su lado (ver fig. 2).
Para más, y ante la estupefacción del joven, en un primer momento, después de acomodar a su lado la silla recién robada, no le da ningún uso específico, quedando todo en un robo por el robo mismo, una simple y clara provocación, lo que hace que el sr. M no pueda evitar dejar escapar una pequeña risotada seguida de un amistoso gesto de censura a su amigo y colega. Pasados unos minutos nuestro payaso preferido terminó usando la silla para apoyar su sombrero, pero el mal ya estaba hecho.
Lo que pasa es que Pastelito venía cruzando unas miradas con la chica que estaba con el joven víctima del hurto… Y M, que ya conoce largamente a Pastelito, sabe cómo terminan a veces estas cosas. Porque Pastelito es un romántico incurable. Pero tiene un estilo de seducción muy particular, no le importa gran cosa si la afortunada de ocasión está sola o acompañada. Y entonces, en ciertas oportunidades, todo termina en una gran trifulca (con piñas, patadas voladoras y todo eso), y a veces en una cobarde huida, según sean las circunstancias. El flirteo se suspende por unos instantes porque P necesita hacer una visita al baño. Por alguna razón el baño es un ítem insoslayable en nuestras críticas. De vuelta, P sentencia: “El baño tiene los servicios básicos”.
El pequeñín de la Itaca se para al lado de nuestra mesa, colgándose el arma al hombro, como queriéndonos asegurar que pase lo que pase él se iba a ocupar de nuestra seguridad.

Pastelito le pregunta: - ¿Sos hincha de Chaca?

- Sí, somos todos de Chaca- responde el nene, como si hiciese falta la aclaración.- ¿Y vas a la cancha?

- Si, vamos siempre, con mi papá y mi hermano.
- ¿Y tu mamá no va con ustedes?
- No. Mi mamá no quiere ir más.
- ¿Por qué?
- ¡Porque se pudrió todo!- contesta, provocándonos una carcajada automática que tratamos de reprimir rápidamente, que el purrete no crea que lo estamos festejando, no señor, que no es esa nuestra intención. Téngase en cuenta que la semana anterior, la hinchada de Chaca había protagonizado unos desmanes de proporciones (con agresiones a dirigentes del club visitante y el incendio de dos patrulleros y un ómnibus de infantería incluidos, cuando recibieron en su propia cancha, en San Martín, a Atlanta, su clásico rival, en un encuentro que se suponía iba a jugarse sin público de ninguna de las dos parcialidades. En fin, el folklore del fútbol...) La siguiente pregunta, ya en plan de reportaje de investigación con orientación sociológica, se impuso obligadamente.
- ¿Vos fuiste al partido con Atlanta?
- ¡Si! ¡Corrieron todos!
- ¿Los de Chaca? – aguijoneamos maliciosamente.
- ¡No! ¡Los de Atarata (sic)! Simplemente no lo podíamos creer. Y eso que somos dos periodistas experimentados, con mucha calle y todo eso. Pero no terminó ahí. Le hacemos una pregunta más, para poner todo más en contexto.
- ¿Y vos, cuántos años tenés?
No contesta inmediatamente. Piensa, baja la Itaka, y levanta su mano derecha mostrando 4 deditos, la seña universal de los niños que quieren decir “4 años”.
La pareja de al lado, testigos del diálogo, nos mira azorados, como pidiendo explicaciones. Que no les damos, porque tampoco las tenemos. Pero iniciamos un diálogo amistoso con nuestros vecinos, como si no hubiese existido nunca el incidente de la silla. A todo esto el pibito se mete adentro empujando la puerta de una patada, como si fuera un marine entrando a la casa de Osama Bin Laden. Cada vez que entra o sale usa la misma técnica, y entra y sale todo el tiempo, lo que nos sobresalta un poco al principio pero después nos acostumbramos. Como con los tiros.
Llega el plato de fussili/fuchile/fucciles, que disfrutamos bastante. El Sr. M nota que Pastelito acompaña el plato de pastas con abundante pan, cosa que él mismo también hace. Pero ve que P descarta la miga, así que le pregunta:
- ¿No te parece que es medio de maricón no comer la miga?
Pastelito para de masticar, levanta la vista y responde:
- No. Es de machos comer la corteza.
Es el turno de M de visitar las instalaciones sanitarias. A la vuelta, P le pregunta que le parece y M se explaya sobre un detalle que le llamó especialmente la atención.
-Bien. Es un baño. A simple vista nada fuera de lo común. Pero vale la pena dejarles a nuestros lectores una impresión, a modo de nota de color. A un costado del lavabo, en el espacio reservado en algunos lavabos para apoyar un jabón, tuvieron la feliz ocurrencia de colocar un pequeño baldecito de más o menos un litro de capacidad… una hielera de plástico, de esas que imitan a las metálicas con las dos asas y todo eso… y en el fondo un poco de jabón líquido, digamos 1 o 2 centímetros, 50 mililitros como mucho. Estamos de acuerdo con que poner tres cuartos litros de jabón hubiese sido también un desatino, pero de esta manera, el que quisiese lavarse las manos con jabón tenía que hundir las puntas de los dedos en el balde y desde las puntas de los dedos extender el líquido limpiador por el resto de sus manos. Una gracia genial de Don Chicho. Para mí, el baño se lleva por lo menos dos pastelitos extras por la sutileza.
-Jajaja ¡Pastelito está feliz!
A esta altura, la pareja de la mesa de al lado ya era parte integral de nuestra conversación. Así que nuestro genio y figura en un momento les pregunta: “¿Nos sentamos con ustedes? ¿Les molesta?
-No, dale.
El chico no parecía muy convencido, pero a la chica se la notaba extrañamente entusiasmada con la charla inteligente y los comentarios perspicaces de estos cronistas. Cuando se acerca el mozo nota que ya habíamos juntado las mesas y se ríe cómplice y aprobador. Por mera formalidad le preguntamos si no es molestia que nos hayamos pasado de mesa.
-No, me parece perfecto –dice con un gran sonrisa en la cara, y aclara- si fuese por nosotros, lo que queremos es lograr una sola mesa de cien.
-¿Tenés champagne Monitor? – Pero el mozo es demasiado joven para saber de qué se trata. No escuchó hablar de Charles Aznavour tampoco, claro. Mientras charlamos nos debatimos entre pedir otro plato o pasar al postre. Vemos pasar un flan con forma de locomotora, una especie de flan-budín, enorme, que nos tienta. El mozo va y viene y nos pregunta ¿Entonces? ¿Dulce o salado?
Y estuvimos un rato más charlando con F (el chico) y A (la chica), que al final de todo no eran pareja, decían que eran sólo amigos, él se está por casar (no, nos quiere invitar a la fiesta), ella está feliz que F se case contra (sic) Juliana (¿puse Juliana y no J?), porque “es la mejor mujer con la que F se podría casar”. Volviendo a nuestra labor profesional coincidimos en que el ambiente de la cantina es “tranquilo, familiar. Salvo por los tiros”. Pastelito le cuenta a A (la chica) algunos secretos e infidencias de estas Crónicas. “¿Sabés qué pasa? Es que Pastelito vende ilusiones” “La premisa es buena onda y alcohol”. Después la conversación pasa a un plano más personal. Pastelito cuenta algo de su hija. “¿De qué signo es?”, pregunta A. “Mi hija es de Génesis” dice Pastelito como si supiese de qué está hablando. Ella (fotógrafa, forma parte del colectivo Bien Al Sur) le habla sobre comunidades saludables, adolescencia, Toto La Momposina, Lila Downs. Qué le habla, exactamente, no lo recordamos… pero tomamos algunas notas sueltas y cumplimos transcribiéndolas, para que no parezca que nos juntamos cada 15 días sólo para comer y tomar vino. Les pedimos que, a modo de avant-première de una sección que pensamos presentar próximamente, tengan a bien recomendarnos 2 (dos) lugares para comer, sean cuales fueran los motivos para la elección. Tardan casi diez minutos en decidirse a recomendarnos un solo lugar, pero una vez que empiezan ya no pueden detenerse: Club Eros, El Desnivel, Chef Yusef (del que A aseguraba que era armenio, dato erróneo, que seguramente había leido en alguna guía de restaurantes berreta, y que ofende la sensibilidad del sr. M, pero qué culpa tiene ella), Enfundá la Mandolina, Marcelina y García… Pero hoy estamos en Don Chicho, pasándola de maravillas, pero sabiendo que ha llegado la hora de decir adiós. Pedimos la cuenta, que ronda los $ 160 y nos despedimos, felices y satisfechos, esperando encontrarnos nuevamente con una nueva aventura gastronómica, dentro de 15 días, por este mismo canal.

jueves, 8 de marzo de 2012

Crónica # 2: La Casa de Adann

Superados los incidentes que son de público conocimiento, en los que se vio involucrado el Payaso Pastelito la semana pasada, llegó finalmente la hora de una nueva –la segunda- Crónica Gastronómica. Siguiendo la rutina habitual, establecida oportunamente por Mr. X, nos reunimos en la residencia de Pastelito a eso de las 9 de la noche. Esta vez la novedad es, por expresa indicación de Mr. X, la incorporación de un nuevo comensal a la troupe, a quien llamaremos “el Rafa”, quien entre otras cosas habrá de encargarse del registro en material fílmico del proceso de elaboración de estas notas. De manera que Pastelito (que esta noche corona su testa con una boina que reemplaza a su famoso sombrero hongo, el cual se encuentra momentáneamente en reparación como resultado de los trágicos eventos de la semana pasada), el Sr. M y el Rafa, ya reunidos, y mientras esperan la llegada de la motito que trae las directivas de X para esta noche, descorchan la primera botella de tinto de la jornada y brindan por la liberación de nuestro héroe y el rotundo suceso de estas Crónicas. El mensajero no tarda en llegar y le entrega en mano el sobre lacrado al payaso, quien rápidamente despide al motoquero con un amistoso apretón de manos, gesto que aprovecha para dejarle discretamente una propina. Enseguida acerca el sobre a su nariz, lo olfatea (?) y procede a abrirlo con un abrecartas de plata que saca del bolsillo de su bata. Se aclara la garganta, se coloca un monóculo sobre el ojo derecho (su ojo bueno) y anuncia el destino señalado para esta noche: - “Restaurante La Casa de Adann. Dirección: O’Higgins 1731, Belgrano. Tienen mesa reservada. Valet parking incluido.” Cual si fueran Batman, Robin y Batichica, nuestros cronistas salen presurosos a la calle para enseguida aplacar su entusiasmo inicial ante la confusión de Pastelito, que no sabía a ciencia cierta donde demonios había estacionado su auto. Pero el auto aparece, más tarde que temprano, y en un alarde tecnológico el payaso saca de la guantera un GPS que parece no saber manejar. Le pasa el GPS a Rafa. - Rafa, poné: "O’Higgins 1731". - ¿Adónde querés que lo ponga? - ¿Qué, no lo sabes usar? - ¿Y vos sabés? El Sr. M trata infructuosamente de hacerles entender que sabe cómo llegar pero Pastelito –que, dicho sea de paso, está hecho un demonio al volante- está empecinado en hacer valer el sueldo de la galleguita del GPS. Le pese a quien le pese. Mágicamente, sin embargo, dimos con la calle O’Higgins y eventualmente arribamos a La Casa de Adann, donde nos esperaba un valet parking, cosa que Pastelito ya había olvidado por completo, por lo que termina estacionando a una cuadra, en el primer hueco que encuentra. Bajamos del auto y hacemos nuestra entrada triunfal, notando que los mozos se van dando vuelta al notar nuestra presencia y nos dan uno a uno la bienvenida con un cálido y respetuoso saludo, en una majestuosa mise-en-scène que refuerza grandemente nuestra autoestima. La maître nos acompaña a la mesa reservada a nuestro nombre, ubicada bien al fondo del salón, en un rincón VIP rodeado de una frondosa vegetación selvática, escenario ideal para una tertulia salvaje. La verdad es que el vino tardó un poco, lo que impacientó un poco a Pastelito, que como no podía ser de otra manera, se lo tomó como una afrenta personal (tomen nota, Señores Restauranteurs) Pero como todo en la vida, el vino llega, junto a una botella de agua mineral sin gas y una bandeja con una variedad de productos de panadería que nos distraen por unos instantes. -Estamos voraces- grita pastelito, hablando por los tres. Para colmo de males, la mortadela italiana con pistacho ($ 40) que llega prometiendo aplacar la ira del payaso, no termina de cumplir su cometido. Pero la cocina, dirigida por el reconocido chef Fernando Protto (que tuvo la delicadeza y el buen gusto de acercarse a nuestra mesa e interesarse por nuestras impresiones), se redime rápida y magistralmente con tres platos que terminarán siendo puestos a rotar varias veces en plan degustación. Exquisitos los Spaghetti Nero Di Sepia con chipirones, ajo, oliva, apio y tomates frescos ($ 65). 4 "pastelitos" en decisión unánime. Excelentes también las trucha con crema de paltas y rostii de papa y zanahoria y el carre de cerdo a la cerveza, los cuales disfrutamos ampliamente. Llega otra botella de vino más y en la confusión (a esta altura ya todo es confusión) Pastelito deja caer un par de frases-slogan con su inigualable sello personal. “Pastelito te emborracha, Pastelito te entretiene”, o como conclusión sobre una discusión sobre el formato, estilo y alcances de estas Crónicas: “Pastelito no recomienda, Pastelito se divierte”. Ovación general. Queda tiempo para un postre. Se baraja la opción de un tiramisú como homenaje al primer tiramisú que nos hicieron probar “de prepo” en la crónica anterior, pero terminamos desechando la idea en favor de un soberbio volcán de chocolate ($ 35) que terminamos compartiendo entre los tres (sic, leyó bien). La cuenta sumó casi medio millar de monedas de un peso, que Pastelito canceló con billetes, porque todas esas monedas puestas en la mesa hubieran resultado en un escándalo de proporciones. Y así es que dimos por finalizada la velada y nos retiramos envueltos en saludos cordiales y promesas de reencuentro. Respecto de nuestro propio desempeño como periodistas, nos queda la sensación de que nuestra actuación de esta semana puede estar dejando más dudas que certezas en las mentes de nuestros seguidores. Pero nos reconforta el saber que estas crónicas, tal como sucede con el fútbol, ofrecen revancha semana tras semana. Es por eso que nos despedimos algo más tranquilos (aunque con un persistente dolor de cabeza) hasta la próxima semana, enviandoles un gran abrazo circense y prometiendo reencontrarnos para devolverles, otra vez más, toda la confianza que depositan en nosotros. ¡Los esperamos!

martes, 28 de febrero de 2012

Comunicado Nº 3: ¡Liberaron a Pastelito! ¡Vuelven las Crónicas!

Publicado originalmente en la página oficial de Facebook del Payaso Pastelito el 28/02/12

Tenemos la inconmensurable alegría de anunciar que a últimas horas del día de ayer lunes 27 de febrero de 2012 fue liberado Pastelito, el payaso gourmet, en lo que sin dudas es una victoria rotunda de todos los defensores de la libertad de prensa de nuestro país y de todo el mundo. Recordemos que el Payaso Pastelito permaneció tras las rejas más de una semana en una comisaría de Mar del Plata, por motivos que aún no han sido debidamente aclarados.

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En nombre del Payaso Pastelito y del de todos los que somos parte de estas Crónicas Gastronómicas, agradecemos todos los mensajes de apoyo y pedidos de liberación que recibimos, de gran importancia para que las autoridades competentes hayan tomado la impostergable decisión de liberar a un verdadero adalid del periodismo gastronómico. De todas maneras, debemos decir que el verdadero factótum de la liberación del payaso no fue otro que Mr. X, productor ejecutivo y mecenas de las CGDPP, por medio de gestiones con los más altos cuadros del gobierno y la justicia provincial y nacional.

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Consultado sobre lo que se viene, Mr. X se limitó a decir que "acá no pasó nada. Esta semana volvemos a la rutina habitual de visitar restaurantes y publicar las crónicas". ¿Y Pastelito? "Con Pastelito vamos a tener que hablar, pero eso es algo que va quedar puertas adentro, los trapos sucios se lavan en casa". Terminante y lapidario, Mr. X nos regala una última sonrisa al mejor estilo Ramón Diaz y se mete en su limusina, estacionada en la puerta de la comisaría, que acelera rápidamente y se aleja del lugar sin prestar mucha atención a la imprudente presencia de periodistas y curiosos que se habían amontonado en la calle esperando novedades del caso.

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Una vez más, agradecemos el apoyo incondicional a todos los amigos, fans y seguidores del Payaso Pastelito y sus Crónicas Gastronómicas y aprovechamos para invitar a quienes aún no lo hayan hecho a visitar nuestro blog y leer la crónica Nº1, y a quienes ya lo hayan hecho -porqué no- a releerla, mientras esperamos, todos, la próxima Crónica Gastronómica del Payaso Pastelito. ¡Hasta entonces!

viernes, 24 de febrero de 2012

Comunicado Nº 2: Declaraciones del Payaso Pastelito, preso en "La Feliz"

Publicado originalmente en la página oficial de Facebook del Payaso Pastelito el 24/02/12
Ultimo momento: le levantan la incomunicación a Pastelito.
"¡Les juro que yo no hice nada! Hace cuatro días que me tienen encerrado y no sé porqué. Esto debe ser inconstitucional. O algo así. Llamen a Cristina. ¡Hagan algo! ¡Saquenmé de acá!" grita Pastelito desde el otro lado de la línea, en lo que es su primer contacto con el mundo exterior desde el sábado. "¿Y las chicas? ¿Qué hicieron con las chicas? ¿Y el auto? ¿Cuándo me van a soltar? ¡Mr.X tiene que hacer algo ya!" Le explicamos que a las chicas las liberaron enseguida, por falta de méritos, que si él sigue adentro es por acumulación excesiva de méritos -siempre según las autoridades policiales de la provincia-, que el auto quedó momentáneamente incautado por estar repleto de sustancias ilegales varias y que, como no podía ser de otra manera, Mr.X estaba estableciendo contacto con las más altas esferas del gobierno provincial y nacional para "solucionar esta desagradable situación".
Para finalizar este comunicado (y esperando que estas "Crónicas Gastronómicas del Payaso Pastelito" no terminen convirtiéndose en "Crónicas y Comunicados del Payaso Pastelito") nos comprometemos a seguir manteniendo informados a la gran cantidad de amigos, fans y entusiastas seguidores de Pastelito sobre los pormenores de este escabroso caso.
Pedimos la intercesión de San Borombón, Patrono Protector de los Payasos de la Costa Atlántica, para la pronta liberación de nuestro héroe. Amén.

Comunicado Nº 1: Perdón, Perdón, Perdón!

Publicado originalmente en la página oficial de Facebook del Payaso Pastelito el 23/02/12

Amigos, fans, seguidores de las Crónicas Gastronómicas del Payasto Pastelito... quien hoy escribe estas líneas no es el P. P. himself, sino un reducido colectivo (una combi?) formado por lo más íntimo de su círculo más ínitmo. Y estamos acá para decir lo que hubiésemos preferido no decir nunca, y menos hoy, cuando en lugar de estar haciendo este pedido público de disculpas deberíamos estar festejando la publicación de la segunda entrega de las Crónicas Gastronómicas.

La historia, todavía confusa, reconstruida a base de rumores, declaraciones contradictorias de testigos y de la policía de la Provincia de Buenos Aires, entre otras fuentes (Pastelito está hasta ahora incomunicado, sepasé), es más o menos la siguiente: el jueves último por la tarde (16/02/12) Pastelito y el Sr. M reciben el pago correspondiente a la primera Crónica (publicada el día anterior) en sendos sobres (de esos espumados, acolchaditos, que sirven para mayor protección). Y aquí comienzan nuestros problemas. Porque desoyendo los consejos de M, Pastelito se guardó el sobre en el bolsillo de atrás del pantalón, hizo algunos llamados y ese mismo jueves a la noche salió en su bólido a Mar del Plata, acompañado por dos exhuberantes señoritas, todos en los asientos de adelante, y con los asientos de atrás y el baúl lleno con provisiones como para 2 meses. Parece ser que pasó el viernes 17 en libertad (libertinaje) pero el sábado 18 a media mañana se lo llevan preso a la comisaría 3ra de Mar del Plata, tras una larga serie de denuncias que iba sembrando por la ciudad, con sus desmanes y sus excesos. No sabemos más. Nuestro abogado (el mejor que el dinero puede pagar, nos asegura mister X) nos hizo saber que hoy, en pocas horas, le levantarían la incomunicación y tendremos la posibilidad de escuchar la otra campana de esta historia.

Obviamente, la cena del martes 21 fue suspendida y por lo tanto no hay crónica para esta semana. Los que queremos a Pastelito de verdad esperamos que todo se aclare a la mayor brevedad y que nuestro payaso favorito sea puesto rápidamente en libertad. Y a ustedes, les prometemos que apenas tengamos alguna palabra de Pastelito se las haremos llegar. Y antes que llegue ninguna explicación, porque lo queremos y porque lo conocemos, les pedimos en su nombre a todos ustedes PERDON, PERDON, PERDON!

Una Semana Sin Crónicas

Les informamos a los lectores que esta semana, como ya han podido comprobar y como bien reza el título de esta nota, no se ha publicado la crónica correspondiente. El motivo, la encarcelación del protagonista excluyente de este espacio, el mismísimo Payaso Pastelito, detenido e incomunicado desde hace ya seis días. A continuación publicaremos, en sucesivos posts, los comunicados que fueron emitiendo los amigos más cercanos de P.P. en su página oficial de Facebook, tratando de aclarar lo que a todas luces no tiene ninguna aclaración posible.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Crónica # 1: El Obrero

Para el debut absoluto de estas Crónicas Gastronómicas tenemos reservada una mesa en el restaurante El Obrero, ubicado en el barrio de La Boca (... callejón... Vuelta de Rocha... bodegón... Genaro y su acordeón...). Tal como habíamos acordado inicialmente con el Sr. X, nos enteramos del destino de nuestra primera misión sólo minutos antes de la hora de la cena, al abrir el sobre lacrado que nos hace llegar con una motito al domicilio de Pastelito. Oportunamente nos había explicado que creía que así se ganaría en espontaneidad, evitando cualquier tipo de investigación previa que influencie nuestra sensibilidad crítica. Con Pastelito al volante, entonces, nos dirigimos a cumplir con nuestra tarea. El lugar queda justo enfrente de ese enorme y muy antiguo edificio de ladrillos, muy lindo, muy inglés, con un reloj tipo Big-Ben y todo, que perteneció a la Compañía de Electricidad Italo Argentina y que se puede ver apenas uno se sube a la autopista Buenos Aires - La Plata, sobre la mano derecha.

Por consiguiente, queda también a escasos 50 metros del río, cosa que aprovechamos para sacarnos una foto junto a una vieja embarcación de Buquebus en desuso que nos prometimos comprar y reacondicionar apenas este nuevo emprendimiento periodístico rinda sus primeros réditos.

El lugar nos impresionó favorablemente desde el primer momento, muy porteño, con fotos, carteles, señales viales, banderines y los etcéteras habituales, todo en su medida y armoniosamente. Elegimos una mesa pequeña y apenas nos sentamos advertimos que una parte considerable de los comensales a nuestro alrededor son extranjeros. O argentinos naturalizados.
Le pedimos al mozo un vino, que no tarda en llegar, lo cual es fundamental para el sano desenvolvimiento de la velada. El vino tiene que llegar al toque, casi al mismo momento que uno lo esta pidiendo. Se entiende que la comida pueda tardar algún tiempo desde que uno la encarga. Pero el vino no. Resulta que con la emoción del debut y las habituales presiones de la vida cotidiana, a estas alturas estamos con un hambre voraz.

Arrancamos con Mejillones a la Provenzal, una apuesta de Pastelito que el Sr. M recibe con escaso entusiasmo, pero que acepta quizás por el espíritu de turismo gastronómico de aventura que flota en el aire.

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La verdad es que no resultó una elección del todo acertada, pero preferimos seguir bebiendo, no ensañarnos con el tropiezo y continuar con un Arroz con Calamares que nos encanta (¡4 pastelitos!). Suculento. Definitivamente ya estamos pasandola de gran manera.


Como si fuera poco, comienza a escucharase una guitarra y una voz que canta “Esta noche amiga mía / El alcohol nos ha embargado (o embriagado?)” y una estampa tanguera que parece estar dirigiendo sus lamentos hacia nuestra mesa. No pasa mucho en realidad para que efectivamente pase a cantar sólo para nuestra mesa, pidamos otra botella de vino, brindemos con el cantor (76 años, riojano, con un cierto look Lorenzo Miguel, el nombre se nos hace imposible de recordar) en su honor e intercambiemos credenciales y comentarios varios.

Enseguida se suma el mozo a nuestra charla.

-¿Todo bien?

-Sí, sí.

Le preguntamos qué nos hubiera recomendado si no hubiesemos comido nada todavía. Y a modo de respuesta nos empieza a recitar la carta entera: pastas, minutas, parrilla, pescados... dando muestra de una gran seguridad y confianza en toda la carta.

Pedimos una Tortilla Española y Pastelito aprovecha el intermezzo para hacer una visita al baño. El veredicto de nuestro payaso preferido: “el baño sigue siendo típico, pero está aggiornado” y agrega, ya en voz más alta, “¡mozo, una soda!”. “Es que este vino (Cuesta del Madero, Clásico, 2009) emborracha”, explica ya de nuevo en un tono más intimista. Llega la tortilla. ¡Excelente!

-¿Se pueden poner 6 pastelitos?

-Seguro tío, hacemos lo que queremos!

Que por algo son nuestras crónicas y no las del Ruso Verea, por ejemplo, que está sentado dos mesas más allá. Aplacada la exitación inicial, desmedida por cierto, acordamos calificarla con 4 pastelitos y medio.


-¿Y la tortilla que onda?- tira el mozo al pasar, ya a esta altura sabiendose ganador (culpa nuestra, debemos reconocer).

-¿Qué tortilla?- devuelve rápido M, que no se da por vencido ni aún vencido, sépase.

-Jajaja... ¿van a pedir algún postre?

-No sé... ahora vemos.


Sigue, atiende otra mesa, entra a la cocina, vuelve a salir, pasa al lado nuestro y deja caer un plato con un postre que parece ser un tiramisú (que, huelga decir, nunca pedimos).

-Probá este postre y decime.

Un capo. Ya hace lo que quiere con nosotros. Tomamos nota: debemos ser más sutiles, más cautos para la próxima. Y establecer límites. Pero probamos.

-La crema esponjosa, fantástica- una evidente exageración, pero estamos de ánimo festivo y a esta altura todo suena bien.

-El bizcochuelo extra-humedecido en alcohol. No hay nada más que decir.

Exacto.
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-Mozo, la cuenta!

$ 144. Pastelito saca el dinero del sobre que le entregó el Sr. X y paga, incluyendo una generosa propina.

Es así que satisfechos, nos retiramos. Que estos soldados tienen que servir para otras muchas batallas todavía.

¡Hasta la próxima, amigos!




jueves, 9 de febrero de 2012

Nuestros Cronistas

Muy pronto van a poder disfrutar de las entregas semanales de LAS CRONICAS DEL PAYASO PASTELITO Y EL SR. M. Para una experiencia más completa de lo que se viene hemos intentado ya explicar en una nota anterior los lineamientos principales, el concepto general de estas Crónicas.
¿Pero quién es el Payaso Pastelito? ¿Y el Sr. M? Intentaremos aquí, estimado lector, dar una breve respuesta a estos interrogantes, intentando echar algo de luz sobre las oscuras y enigmáticas personalidades de nuestros héroes.
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El Payaso Pastelito, pese a lo que puede suponerse, no es en realidad un payaso, de la misma manera que, por ejemplo, tampoco es un payaso el Payaso Aimar (o como la Araña Amuchástegui, que tampoco era una araña, o la Oveja Telch y tantos otros...). Lo de Pastelito, por otra parte, es un apodo cariñoso que recibió de muy joven, cuando ya asomaba clara su inclinación por el maravilloso mundo de la cocina. Se paseaba por sus campos montado a caballo –otra de sus pasiones– y los peones le gritaban “¡Buen día, Pastelito!”, “¿Cuándo se invita otro asado, don Pastelito?”, y cosas por el estilo. El asado, justamente, es su especialidad, su debilidad, su perdición. Exteriormente se lo reconoce por su particular sentido de la elegancia y suele llevar en su cabeza un muy distinguido sombrero tipo hongo que en ciertos círculos se conoce como el “sombrero Pastelito”. Se define a sí mismo como “bostero, cristinista y popular”. De amplia y extensa experiencia profesional en el mundo de la gastronomía, tanto en nuestro país como en el exterior, se siente (y se sienta) ante una mesa servida como un pez en el agua, o como un pulpo en su tinta. Su conocimiento de los gajes y trucos del oficio resultan de valor incalculable para la realización de estas Crónicas.

El Sr. M. es uno de los últimos y más selectos exponentes de la antiquísima nobleza armenia en el exilio. Tradicionalista a ultranza, de múltiples intereses y ocupaciones, es una personalidad de lo más intrigante, sin dudas difícil de descifrar. En cuanto heredero de una particular herencia culinaria, y aunque un enamorado del arte del buen comer y entusiasta cocinero aficionado, reconoce ciertas limitaciones en lo que hace al rango de sensibilidad de su paladar (la casi totalidad de los frutos de mar o las así llamadas “menudencias”, por nombrar sólo un par de ejemplos, quedan en principio totalmente fuera de su dieta; excepcionalmente, sin embargo, cierta tendencia algo temeraria a la experimentación por la experimentación misma le habrán de permitir incursionar en determinados “sabores prohibidos”). El Sr. M. es en la dinámica de la construcción de estas Crónicas una suerte de contrapunto al por momentos excesivo pasionalismo de Pastelito, o algo así como un Watson para un Sherlock Holmes, o un Indio Toro para un Llanero Solitario. Ocasionalmente, también agasaja al lector con las ilustraciones, esquemas y collages que acompañan y enriquecen estas Crónicas Gastronómicas.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Introducción

Bienvenidos a LAS CRONICAS GASTRONOMICAS DEL PAYASO PASTELITO Y EL SR.M., un proyecto semi-periodístico-cultural que busca convertirse en una suerte de guía de restaurantes, bares, fondas, trattorias, comedores, cantinas, carritos, parripollos y otros emprendimientos, antros y garitos afines, pero con un enfoque radicalmente innovador, que transmita a nuestros lectores una opinión inteligente, un consejo honesto, una visión holística de la experiencia del comensal de manera verdaderamente accesible y amigable. No obstante el profesionalismo y la aptitud de los responsables de estas Crónicas Gastronómicas, se busca mantener siempre un espíritu amateur en lo que hace al modo de aproximación a la experiencia gourmet.

El proyecto está patrocinado por Mr. X, un excéntrico millonario que creyó desde un primer momento en el mismo (en el proyecto, no en él mismo). A cambio, impuso una serie de exigencias o condiciones que Pastelito y M entendieron que eran de lo más razonables, tales como la Política de Anonimato, según la cual los responsables y caras visibles de este espacio –y él mismo– tienen vedada la publicación de sus rostros y deben utilizar seudónimos o nombres falsos (o letras o números u otras combinaciones de signos) para identificarse ante los lectores, pero nunca sus verdaderos nombres, porque –siempre según X– “es la única manera de mantener la independencia periodística” y, eventualmente, proteger su propia privacidad.

Las Crónicas se componen de textos, ilustraciones, gráficos, fotos y eventuales videos u otros materiales multimedia. El análisis multidimensional incluye el relato cálido y cómplice y la calificación fría y objetiva.

El sistema de calificación se basa en la asignación de un determinado número de “pastelitos” para cada ítem analizado, de modo que el lector se pueda dar una idea inmediata de los distintos aspectos que conforman la experiencia (comida, atención, ambientación, otros servicios, etc, etc, etc).

Por ejemplo:

... y así sucesivamente, estableciéndose llegar a un máximo de 5 (cinco) pastelitos como máxima calificación posible (pero quedando siempre la posibilidad de utilizar 6 pastelitos para "lo extraordinario"). También podrán utilizarse fracciones de pastelitos cuando la ocasión lo amerite ("no daba para ponerle 4 pastelitos, pero 3 pastelitos parecía muy poco..."). En fin, ya se irá entendiendo con el correr de las crónicas.

¿Qué más amigos? Sientensé, afilen sus cuchillos, enderecen los dientes de sus tenedores, que ya pronto llegan las Crónicas Gastronómicas del Payaso Pastelito!