jueves, 9 de febrero de 2012

Nuestros Cronistas

Muy pronto van a poder disfrutar de las entregas semanales de LAS CRONICAS DEL PAYASO PASTELITO Y EL SR. M. Para una experiencia más completa de lo que se viene hemos intentado ya explicar en una nota anterior los lineamientos principales, el concepto general de estas Crónicas.
¿Pero quién es el Payaso Pastelito? ¿Y el Sr. M? Intentaremos aquí, estimado lector, dar una breve respuesta a estos interrogantes, intentando echar algo de luz sobre las oscuras y enigmáticas personalidades de nuestros héroes.
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El Payaso Pastelito, pese a lo que puede suponerse, no es en realidad un payaso, de la misma manera que, por ejemplo, tampoco es un payaso el Payaso Aimar (o como la Araña Amuchástegui, que tampoco era una araña, o la Oveja Telch y tantos otros...). Lo de Pastelito, por otra parte, es un apodo cariñoso que recibió de muy joven, cuando ya asomaba clara su inclinación por el maravilloso mundo de la cocina. Se paseaba por sus campos montado a caballo –otra de sus pasiones– y los peones le gritaban “¡Buen día, Pastelito!”, “¿Cuándo se invita otro asado, don Pastelito?”, y cosas por el estilo. El asado, justamente, es su especialidad, su debilidad, su perdición. Exteriormente se lo reconoce por su particular sentido de la elegancia y suele llevar en su cabeza un muy distinguido sombrero tipo hongo que en ciertos círculos se conoce como el “sombrero Pastelito”. Se define a sí mismo como “bostero, cristinista y popular”. De amplia y extensa experiencia profesional en el mundo de la gastronomía, tanto en nuestro país como en el exterior, se siente (y se sienta) ante una mesa servida como un pez en el agua, o como un pulpo en su tinta. Su conocimiento de los gajes y trucos del oficio resultan de valor incalculable para la realización de estas Crónicas.

El Sr. M. es uno de los últimos y más selectos exponentes de la antiquísima nobleza armenia en el exilio. Tradicionalista a ultranza, de múltiples intereses y ocupaciones, es una personalidad de lo más intrigante, sin dudas difícil de descifrar. En cuanto heredero de una particular herencia culinaria, y aunque un enamorado del arte del buen comer y entusiasta cocinero aficionado, reconoce ciertas limitaciones en lo que hace al rango de sensibilidad de su paladar (la casi totalidad de los frutos de mar o las así llamadas “menudencias”, por nombrar sólo un par de ejemplos, quedan en principio totalmente fuera de su dieta; excepcionalmente, sin embargo, cierta tendencia algo temeraria a la experimentación por la experimentación misma le habrán de permitir incursionar en determinados “sabores prohibidos”). El Sr. M. es en la dinámica de la construcción de estas Crónicas una suerte de contrapunto al por momentos excesivo pasionalismo de Pastelito, o algo así como un Watson para un Sherlock Holmes, o un Indio Toro para un Llanero Solitario. Ocasionalmente, también agasaja al lector con las ilustraciones, esquemas y collages que acompañan y enriquecen estas Crónicas Gastronómicas.

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