Crónica # 2: La Casa de Adann
Superados los incidentes que son de público conocimiento, en los que se vio involucrado el Payaso Pastelito la semana pasada, llegó finalmente la hora de una nueva –la segunda- Crónica Gastronómica.
Siguiendo la rutina habitual, establecida oportunamente por Mr. X, nos reunimos en la residencia de Pastelito a eso de las 9 de la noche. Esta vez la novedad es, por expresa indicación de Mr. X, la incorporación de un nuevo comensal a la troupe, a quien llamaremos “el Rafa”, quien entre otras cosas habrá de encargarse del registro en material fílmico del proceso de elaboración de estas notas. De manera que Pastelito (que esta noche corona su testa con una boina que reemplaza a su famoso sombrero hongo, el cual se encuentra momentáneamente en reparación como resultado de los trágicos eventos de la semana pasada), el Sr. M y el Rafa, ya reunidos, y mientras esperan la llegada de la motito que trae las directivas de X para esta noche, descorchan la primera botella de tinto de la jornada y brindan por la liberación de nuestro héroe y el rotundo suceso de estas Crónicas. El mensajero no tarda en llegar y le entrega en mano el sobre lacrado al payaso, quien rápidamente despide al motoquero con un amistoso apretón de manos, gesto que aprovecha para dejarle discretamente una propina. Enseguida acerca el sobre a su nariz, lo olfatea (?) y procede a abrirlo con un abrecartas de plata que saca del bolsillo de su bata. Se aclara la garganta, se coloca un monóculo sobre el ojo derecho (su ojo bueno) y anuncia el destino señalado para esta noche:
- “Restaurante La Casa de Adann. Dirección: O’Higgins 1731, Belgrano. Tienen mesa reservada. Valet parking incluido.”
Cual si fueran Batman, Robin y Batichica, nuestros cronistas salen presurosos a la calle para enseguida aplacar su entusiasmo inicial ante la confusión de Pastelito, que no sabía a ciencia cierta donde demonios había estacionado su auto. Pero el auto aparece, más tarde que temprano, y en un alarde tecnológico el payaso saca de la guantera un GPS que parece no saber manejar. Le pasa el GPS a Rafa.
- Rafa, poné: "O’Higgins 1731".
- ¿Adónde querés que lo ponga?
- ¿Qué, no lo sabes usar?
- ¿Y vos sabés?
El Sr. M trata infructuosamente de hacerles entender que sabe cómo llegar pero Pastelito –que, dicho sea de paso, está hecho un demonio al volante- está empecinado en hacer valer el sueldo de la galleguita del GPS. Le pese a quien le pese. Mágicamente, sin embargo, dimos con la calle O’Higgins y eventualmente arribamos a La Casa de Adann, donde nos esperaba un valet parking, cosa que Pastelito ya había olvidado por completo, por lo que termina estacionando a una cuadra, en el primer hueco que encuentra.
Bajamos del auto y hacemos nuestra entrada triunfal, notando que los mozos se van dando vuelta al notar nuestra presencia y nos dan uno a uno la bienvenida con un cálido y respetuoso saludo, en una majestuosa mise-en-scène que refuerza grandemente nuestra autoestima.
La maître nos acompaña a la mesa reservada a nuestro nombre, ubicada bien al fondo del salón, en un rincón VIP rodeado de una frondosa vegetación selvática, escenario ideal para una tertulia salvaje. La verdad es que el vino tardó un poco, lo que impacientó un poco a Pastelito, que como no podía ser de otra manera, se lo tomó como una afrenta personal (tomen nota, Señores Restauranteurs) Pero como todo en la vida, el vino llega, junto a una botella de agua mineral sin gas y una bandeja con una variedad de productos de panadería que nos distraen por unos instantes.
-Estamos voraces- grita pastelito, hablando por los tres. Para colmo de males, la mortadela italiana con pistacho ($ 40) que llega prometiendo aplacar la ira del payaso, no termina de cumplir su cometido. Pero la cocina, dirigida por el reconocido chef Fernando Protto (que tuvo la delicadeza y el buen gusto de acercarse a nuestra mesa e interesarse por nuestras impresiones), se redime rápida y magistralmente con tres platos que terminarán siendo puestos a rotar varias veces en plan degustación. Exquisitos los Spaghetti Nero Di Sepia con chipirones, ajo, oliva, apio y tomates frescos ($ 65). 4 "pastelitos" en decisión unánime. Excelentes también las
trucha con crema de paltas y rostii de papa y zanahoria y el carre de cerdo a la cerveza, los cuales disfrutamos ampliamente.
Llega otra botella de vino más y en la confusión (a esta altura ya todo es confusión) Pastelito deja caer un par de frases-slogan con su inigualable sello personal. “Pastelito te emborracha, Pastelito te entretiene”, o como conclusión sobre una discusión sobre el formato, estilo y alcances de estas Crónicas: “Pastelito no recomienda, Pastelito se divierte”. Ovación general.
Queda tiempo para un postre. Se baraja la opción de un tiramisú como homenaje al primer tiramisú que nos hicieron probar “de prepo” en la crónica anterior, pero terminamos desechando la idea en favor de un soberbio volcán de chocolate ($ 35) que terminamos compartiendo entre los tres (sic, leyó bien).

La cuenta sumó casi medio millar de monedas de un peso, que Pastelito canceló con billetes, porque todas esas monedas puestas en la mesa hubieran resultado en un escándalo de proporciones. Y así es que dimos por finalizada la velada y nos retiramos envueltos en saludos cordiales y promesas de reencuentro. Respecto de nuestro propio desempeño como periodistas, nos queda la sensación de que nuestra actuación de esta semana puede estar dejando más dudas que certezas en las mentes de nuestros seguidores. Pero nos reconforta el saber que estas crónicas, tal como sucede con el fútbol, ofrecen revancha semana tras semana. Es por eso que nos despedimos algo más tranquilos (aunque con un persistente dolor de cabeza) hasta la próxima semana, enviandoles un gran abrazo circense y prometiendo reencontrarnos para devolverles, otra vez más, toda la confianza que depositan en nosotros. ¡Los esperamos!
"Pastelito te emborracha, Pastelito te entretiene”, sin más que agregar.....un grande, y despúes felicitan al payaso pirulito de méxico, bah! pura sanata... Pastelito es Rey de Reyes. Un abrazo y sigan que esto descorcha!!!
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